Ganadores de concurso de relatos de bloggers

El mes pasado tuve el honor de concursar junto a unos escritores de gran talento. Algunos tienen algún libro, otros sólo  plasman lo que a su mente llega en su blog, compartiéndolo con todos aquellos que así lo deseen.

Aquí os dejo los tres ganadores, tres fantásticos relatos con el tema LA VIDA (en general)

1. Primer lugar

MERO AZAR ~ Lord Alce

2. Segundo lugar

SIEMPRE ADELANTE ~Buscando a Casiopea

3. Tercer lugar

QUIÉREME A MI, MUJER ~ Ana Centellas

No dudéis en leerlos.

AQUÍ MI PEQUEÑA APORTACIÓN.

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Otro día mas

Nuevamente se acercaba la fecha, esa en la que la felicidad, escasa el resto del año parecía agolparse de bote pronto en el corazón de todos, esa fecha en la que te reunías con familiares a los que el resto del año veías unas horas al mes si te encontrabas con ganas o en los compromisos ineludibles. Navidad. Y sinceramente como me jorobaban esas fechas, si pudiera me iba desde el primero de diciembre y volvía pasado reyes, pero no… El trabajo me lo impide. Y no me quejo, que conste, puedo sentirme afortunada pues tengo un trabajo fijo decentemente remunerado y sin exceso de horas. Aguantando las tonterías de los que se creen a pies juntillas eso de “el cliente siempre tiene razón”, pues no… No es cierto. Le jorobe a quien le jorobe. Y ahora me veo aquí, sentada en la silla, escuchando los mismos villancicos del año pasado, frente a la caja, con esa sonrisa pegada a mi cara, impuesta, aguantando a la señora de turno que se queja de que vamos a cerrar muchos días y que como lo va a hacer. Miro su carrito repleto de viandas y con mi fingida y perenne sonrisa le suelto:

-Pero mujer… ¿Cuántos son en casa?

-Con los hijos y los nietos 7 -me replica toda apurada.

-Y me dirá usted, ¿que con lo que lleva, más lo que fijo tiene usted en el congelador no pasan dos días sin hacer gasto?

-Es que dos días son dos días….

Me muerdo el interior del labio haciendo esfuerzos por no mandarla a freír espárragos, más que nada por si se le han olvidado comprarlos y suspiro antes de replicar.

-Pues que la inviten a comer como lo van a hacer conmigo. Pase usted buen día.

Sin esperar réplica, pues mi paciencia pendía ya de un hilo, miro el reloj de la caja registradora ^cinco minutos y a casa, cinco minutos^, pienso mientras me dirijo al siguiente cliente.

-Buenas tardes, ¿necesita bolsas?

-¿cómo sinó me voy a llevar esto? -me pregunta con voz de: ¿tu eres tonta o te lo haces?, un hombre con el pelo engominado y móvil en la mano.

-Tal vez las tenga en el coche… Lo siento pero me deje el poder de adivinación en casa esta tarde -le contestó con una sonrisa mientras saco las bolsas- ¿tres serán suficientes?

El tipo ni me contesta, está demasiado ocupado hablando de no sé qué por el móvil, ^hoy han dejado sueltos a todos los cenútrios del lugar  y me han tocado a mí.^

-¿Coche en el parking?

El tipo sin parar de hablar me señala el datafono. Se lo activo y mete la tarjeta, teclea el código pin y tras aceptar la operación le paso el ticket.

-Gracias -^como si le hablase a la pared, ahora solo falta que el chulo tenga parking^, pienso mientras lo veo coger sus bolsas para dirigirse al ascensor ^lo dicho^

Me giro nuevamente hacia la caja registradora, la joven me deja el ticket de parking junto a ésta sin que le tenga que decir nada con una sonrisa.

-Buenas tardes ¿quieres bolsas?

-Dos grandes, por favor

^Joder! , no podrían ser todos como esta chica^, pienso mientras le abro las bolsas, para a continuación empezar a facturarle.

-No me has pasado el parking.

La voz del tipo del teléfono me llega desde atrás, me giro y enarcando una ceja le contesto.

-Se lo pedí justo antes de que me señala el datafono, pero -hago una ligera mueca y me encojo de hombros- se ve que hablando por teléfono usted no se enteró… Ahora tendrá que esperar, lo siento.

-Tengo prisa, llamo y me abres.

No pregunta. Ordena, y por ahí no paso. Mi vaso rebasa.

-No, se espera usted, termino con la joven y luego le arreglo -contesto mientras termino de pasar la compra de la chica, con un grado de lentitud que hasta ahora no tenía y la ayudo a embolsar por categorías- 32,25€.

-¿Te importa si te pago con monedas?

Sonrío cuando oigo resoplar al tipo del teléfono.

-Para nada… Cada uno paga con lo que tiene o quiere.

Ayudo a la joven a contar el importe en las monedas y le doy el ticket para que pueda sacar el coche.

-Lo siento -susurra la joven.

-No sientas nada… Mañana fijo te tocará esperar a ti, así es la vida.- sonrió mientras le arreglo les parking al engominado- aquí tiene caballero, su parking.

El tipo que nuevamente está al teléfono me lo quita de la mano de malas maneras ante la mirada de incomprensión de la joven que niega.

-Gracias y buenas tardes -se despide la chica.

-Adiós -me despido de la joven clienta justo cuando llega mi relevo- que tardecita chica. Me las piro vampiro, nos vemos mañana.

¿Quién me lo iba a decir?

Hará como cosa de dos meses, me presenté a un concurso de micro relatos eróticos, sinceramente nunca creí que éste saliera seleccionado, pero para mi sorpresa así fue. Escribir micro relatos, plasmar en cinco líneas lo que deseas transmitir es complicado, la de veces que edité hasta que conseguí algo que fuera de mi agrado, jejeje.

No quería algo vulgar, o como diría mi más sincero crítico, porno, sino que llegase a desencadenar una sensación indescriptible en el que lo leyera

Tal vez para muchos sea algo, corriente, insulso…¿quien sabe?

No soy escritora. Sólo intento plasmar lo mejor que sé lo que por mi mente pasa… Y bueno… Aquí está mi primera publicación, en esta antología, junto a muchas más.

 ¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos? 

Tras la turbulenta noche que había pasado durmiendo al raso, junto a su fiel compañero de viaje, el caballero se levantó como pudo, haciendo crujir sus gastados huesos, estirando su casi inexistente musculatura. Sancho, su escudero y amigo, estaba preparando parte de las escasas viandas que poseían para poner llenar el estómago antes de emprender camino en busca de lo que sería una nueva aventura.

Con la tripa llena, la armadura colocada, cubriendo su esquelético cuerpo, montó en su caballo. Dejaron atrás la arboleda que les había dado cobijo en la noche, buscando el camino entre, los excesivamente despejados de naturaleza, paisajes en los que se encontraban, y emprendieron camino por la extraña vía que encontraron. Negra como el carbón y adornada con extrañas líneas blancas. El caballero intentaba mantener la posición erguida en su montura, tarea un tanto difícil por la vía en la que se habían visto obligados a transitar.

-Id con tiento mi señor – le advirtió con voz queda Sancho – su caballo no tiene costumbre de ir por estos desconocidos caminos.

-No os preocupéis, fiel Sancho, no hay, ni habrá vía o camino que se interponga en mi sino – contestó Alonso entre dientes, maldiciendo en silencio la endemoniada vía – ya sabéis, Sancho que ante nada me detengo, la verdad y la justicia son mis armas y con ellas siempre…

El abrupto silencio, puso en alerta a Sancho, miró a un lado y a otro en busca de lo que había hecho que Don Alonso Quijano, enmudeciera y cambiara su semblante. El hombrecillo, suspiró resignado al comprender. A unos kilómetros de distancia, afincados entre la árida zona, se alzaban unas construcciones altamente extrañas. ¿Acaso estaba aún sumido en un sueño? Jamás en su larga andadura por las tierras castellanas había visto tan extraña construcción.

-¿Veis lo que yo Sancho?

-Sinceramente señor, no sabría deciros -contestó sin apartar la mirada de tan monstruosa construcción.

Se adentraron en la zona, dejando atrás la oscura y negra vía.

A medida que se iban acercando la grandeza del edificio se iba magnificando, Sancho comprendió lo que eso significaría para su señor.

Al llegar al lugar se vieron obligados a detenerse por la alta alambrada que rodeaba la zona. Sancho se fijó en los retablos que colgaban de las extrañas vallas metálicas, dificultando, para su alivio, el acceso.

-Mirad eso mi señor, qué extrañas pinturas cuelgan de la cerca ¿Qué podrían significar?

Don Alonso miro fijamente la señal de electrocución al contacto, para contestar en voz alta, como si quisiera advertir a todo el que por allí pasase.

-¿Acaso no veis?, advierte claramente que cualquiera que se acerque será devorado sin piedad por los gigantes de largas piernas y cortos brazos que aquí yacen, muy peligrosos han de ser si los han cercado de este modo.

En su cara se dibujó una sutil sonrisa que nada bueno hizo pensar al fiel Sancho.

-Otra vez…. -suspiro- mi señor dejémoslos tranquilos, las gentes del lugar se han ocupado bien de mantenerlos retenidos, por lo tanto no entrañan peligro alguno.

-¿Acaso queréis que se sepa que Don Alonso Quijano, eludió sin más un enfrentamiento? Jamás!Sancho. Un caballero no elude el enfrentamiento si con ello ha de salvar una vida siquiera.

-Pero mi señor, miradlos…. Están serenos, tranquilos -Sancho señaló las aspas de los aerogeneradores, que se movían de forma perezosa- vayamos mi señor, no hay nadie en el lugar. Emprendamos el camino a casa. Tiempo hace ya que salimos de allí.

-No

-Genio y figura hasta la sepultura

Murmuró con resignación Sancho mientras veía a Don Alonso, bajarse de Rocinante, que pastaba, ajeno a las discusiones humanas que caballero y escudero mantenían. Don Alonso, lanza en mano, se dirigió con paso firme hacia la alambrada, dispuesto a abrirse paso. Nada más poner la mano cubierta por el guantelete, en la alambrada fue disparado hacia atrás ante la mirada de pánico de Sancho, que corrió raudo hasta donde se encontraba su señor.

La luz del sol le hizo abrir los ojos.

-Buen día tenga, mi señor, acérquese que el tocino ya clama ser comido.

-Sancho, ¿Dónde estamos?

-A pocas leguas de la posada.

Don Alonso se levanto, aún con los retazos en su mente del extraño sueño y se sentó junto a Sancho a dar buena cuenta del humeante tocino.

 

SENSACIONES 

Micro relato para diversidad literaria 

Su boca recorría mi cuerpo con sobrada experiencia. Mi mirada, velada por el deseo, no perdía detalle de su incursión. Sentí su boca hacerme suya. A cada embestida de su lengua, miles de sensaciones recorrían mi cuerpo. Estaba al limite. Tome su cabeza con una mano, incitándolo a más. Necesitaba más. Sus dientes atraparon mi clítoris en el preciso momento en el que el clímax llegó a mí. -Deliciosa-. Susurró.