Lo que la sangre daña, sólo  la sangre enmienda~ 3ªParte

-Despierta Marta, despierta –David zarandeó a la joven que se retorcía y gritaba en sueños. Intentando traerla de vuelta del lugar del subconsciente en el que se encontraba-. Vamos pequeña, vuelve conmigo. Poco a poco, las llamas que rodeaban su cuerpo, se fueron evaporando y el dolor desapareciendo. Abrió los ojos. Parpadeó repetidas veces intentando ubicarse. Ante ella, la asustada y negra mirada del joven que tenía prácticamente sobre ella la hizo suspirar aliviada.

-¡Joder chica!, ya van cuatro noches esta semana, así no puedes continuar.

-Tranquilo David, tan sólo son pesadillas -^aunque demasiado reales^, pensó Marta-. No te preocupes, sólo siento haberte despertado nuevamente.

-No te preocupes por eso, de hecho, aún no me había acostado, tengo varios informes por terminar.

Marta y David se habían conocido tres años antes, cuando ella entró a trabajar, tras aprobar la oposición, en el mismo colegio donde trabajaba David. Éste, recién había terminado una relación de casi una década y encontró en Marta una amiga y confidente casi al instante, como si se conocieran desde siempre. Lo que les llevó a decidir irse a vivir juntos.

David miró a su amiga con el ceño fruncido.

-¿Por qué no me haces caso y vamos a ver a un especialista?

-Por qué, uno –Marta levanto el índice- no creo en eso que tú llamas especialistas y dos –dijo refiriéndose a las echadoras de cartas a las que su amigo era tan afín antes de levantar el dedo corazón- estoy más que segura que es el estrés. Se acerca el fin de curso. Las correcciones de los exámenes, los informes, la preparación del festival. Mírate son las 4 y aún ni te acostaste –Sonrió-. Estamos en la recta final. Un mes y nos vamos de vacaciones.

-¡Sí! Qué ganas, en un mes cogemos las maletas y que tiemble Inglaterra y sus hombres –soltó un carcajada antes de echarse en la cama junto a Marta, pasándole el brazo bajo el cuello, haciendo que ella apoyara la cabeza sobre su pecho-. Aún nos quedan unas horas para levantarnos, anda duerme.

Marta medio sonrió mientras se relajaba en los brazos de David y bajo el sonido de la hipnótica melodía que éste cantaba en un susurro cayó en los brazos de Morfeo.

Las tres semanas restantes del mes de junio pasaron con las noches tranquilas, sin pesadillas, dando paso al mes de julio y con ello a las anheladas vacaciones.

Marta era una entusiasta de la historia, en especial de la Edad Media y había convencido a David para ir a recorrer durante 15 días los castillos de Inglaterra con la excusa de ver a los guiris en su hábitat, y practicar con ellos el inglés. El año anterior había hecho lo propio con gran parte de los castillos del norte de España, empapándose de su historia y misterios.

-No te olvides del pasaporte, los billetes, las tarjetas con el fondo común para el hostal –gritó Marta, mientras terminaba de cerrar el neceser para colocarlo en la maleta- ¡ah!, y los medicamentos de tu alergia.

-Sí mamá –bromeó David, apoyado en el marco de la puerta de la habitación de Marta-. Tranquila, lo llevo todo aquí –señaló la bandolera que cruzaba su torso- sólo me falta una cosa.

– ¡¿Qué?!

– Tú, chata. El taxi estará aquí en quince minutos y aún estás sin vestir.

Marta soltó un grito y entro en el baño cargada con los vaqueros y la camiseta que había escogido para el viaje ante las carcajadas de su amigo. Veinte minutos más tarde ambos estaban camino del aeropuerto. Estaba hecha un manojo de nervios, en su interior, algo le decía que no iban a ser unas simples vacaciones.

Tras facturar las maletas y ya con la tarjeta de embarque en la mano, los dos amigos se dirigieron al duty Free. David quería comprar un par de bolsas de mini Toblerone, chocolate al que era más que aficionado.

-Ya sabes que cuando me pongo más nervioso de la cuenta, necesito dulce, ¿y qué hay más dulce que el Toblerone? –Argumentó

-Sí, lo sé, venga paga y vamos que ya han llamado a nuestro vuelo.

Los nervios hacían que en ocasiones Marta se comportara de un modo tajante, cosa a la que David se había acostumbrado, ignorándola en esos momentos. Una vez comprado el dulce ansiolítico, se dirigieron hasta la puerta de embarque, llegaron justo cuando las azafatas abrieron las puertas de acceso al avión. Al entrar se acomodaron en los asientos asignados y se abrocharon el cinturón. Marta se llevó, inconscientemente la mano al colgante que llevaba en el cuello mientras oía las indicaciones de seguridad de la azafata. En dos horas y media estarían en Londres.

(……..)

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2 comentarios sobre “Lo que la sangre daña, sólo  la sangre enmienda~ 3ªParte

  1. Cuando he empezado a leerlo, me he quedado culitorcido… recordaba que las partes anteriores incluían brujería, inquisiciones y demás. Así que he releído lo anterior y en uno de los comentarios das la clave (el pasado afecta al presente, dices). O sea, que mi memoria no me había jugado una mala pasada.
    A ver qué pasa en Inglaterra 🙂

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