Lo que la sangre daña, sólo la sangre enmienda ~4ª parte

El vuelo les resultó más que entretenido, junto a ellos se sentó una señora que iba a visitar a su hija, había dado a luz a su tercer nieto e iba a conocerlo. La señora les aconsejó, entre otras cosas que hicieran un recorrido a pie por lo que denominaban el lado oscuro de Londres. Los lugares donde ejecutaron, asesinaron a muchos londinenses, visitando, por supuesto, la Torre de Londres, el más embrujado lugar de la ciudad, donde se decía que aún podían oírse los gritos de los que allí fueron torturados y ejecutados.   Llegaron al hostal pasada la media tarde. Al entrar, una paralizante sensación de dejavú recorrió el cuerpo de Marta. El lugar era una antigua casa del S.XVIII, acondicionada. Se personaron en la recepción, donde una joven, ataviada con un riguroso traje gris, les atendió.

 -Buenas tardes, tienen ya su habitación preparada. Aquí están  los horarios de cafetería y los precios –dijo tendiéndoles un tríptico junto a la llave- así como el horario de apertura de la recepción y las normas del hostal. A media noche cerramos las puertas, agradeceríamos respeten los horarios.

 -Vamos, igualito que en España que tienen al pobre conserje, abre puerta cierra puerta toda la noche –susurró David.

 Marta le dio un codazo para silenciarlo antes de tomar lo que la joven les había dado y dirigirse a la habitación. Al pasar por el salón, como si algo la hubiera atraído, miró hacia la chimenea, allí, de pie, un joven la miraba fijamente, cuando su mirada se cruzó son la de él, inconscientemente su mano, nuevamente fue hacia su colgante.

 -Vaya ejemplar ese –las palabras de David la sacaron de su ensimismamiento- vamos, que necesito una ducha, comer y descansar que conociéndote mañana me desfondas.

 Marta medio sonrió. Dejaron la maletas en la habitación y tras tomar unos sándwiches y una larga ducha fueron a dormir.

 -Has tardado en venir –le dijo el desconocido.

 Marta miró a un lado y a otro, no recordaba haberse desplazado hasta el salón, pero allí estaba. Se acercó lentamente hasta donde él se encontraba. 

 -¿Quién eres?

 -¿Crees en el destino? -preguntó él en respuesta.

 -El destino es algo que nosotros nos forjamos, simple y llanamente.

 -Tu destino y el mío están unidos desde hace siglos –contestó con una ligera sonrisa.

 -Sabes que el té se bebe y no se fuma ¿verdad? –medio bromeó Marta en un intento de relajarse, ya que sentía en su interior que esas palabras tenían más sentido del que ella desearía-. ¿Quién eres? –Notó como la respiración se le aceleraba, como un calor abrasivo empezó a extenderse le por el cuerpo cuando él tomó su mano-. ¿Qué me estás haciendo?

 -También notas el calor del fuego ¿verdad? ¿También has soñado con ella, con Anya? –Era más una afirmación que una pregunta-. Ella sigue aquí, contigo, conmigo. –El joven metió la mano libre por la abertura del cuello de su camisa y sacó un colgante de madera con un símbolo celta grabado en el-. Tu vida y la mía están unidas a esta casa, a estos collares. Hace muchos años, Anya, una antepasada tuya fue acusada de brujería –Marta enarcó una ceja-. Cuando, tras varias semanas de tortura, la soltaron, todo lo que ella amaba había desaparecido. Anya maldijo entonces a su hermano, clérigo de la Inquisición y responsable de su acusación. Lo que Anya no sabía era que su hermano, antes de ordenarse, tuvo un hijo –Marta oía sin dar crédito a sus palabras-. Por lo que la maldición alcanzó a mi antepasado, Callum. La mujer de Callum, sabia de las artes mágicas celtas, pues por su venas corría sangre druida. Intentó evitar el mal, pero las maldiciones de sangre son extremadamente fuertes. Con todo el dolor de su alma vio perecer a su esposo y a sus cuatro hijos. Tan sólo Jensen, el más pequeño de la familia, que había heredado el don de Ashlyn y protegido por el colgante que ahora yo poseo, sobrevivió. –El joven la miró fijamente-. También Sarah, la hija de Anya.

 -¿Qué quieres decir?, Estas loco, suéltame o gritaré.

 -Desciendes de Sarah y yo de Jensen, los supervivientes. Anya nuestra antepasada nos maldijo. Mi familia ha intentado romper la maldición en repetidas ocasiones sin lograrlo. Debía darse el caso de que los portadores de los colgantes fueran como en los inicios de la maldición, mujer –la señaló-, hombre –se señaló a sí mismo-. Sólo en otra ocasión sucedió. Mi bisabuelo consiguió localizar a tu bisabuela, pero por desgracia falleció en batalla en la 1ª Guerra Mundial, antes de poder encontrarse con ella. Después os perdimos el rastro. Pero hace dos meses, tuve un sueño, Ashlyn me habló, me dijo que tú vendrías a mí –Sonrió- y así ha sido.

 -Tu estás loco –Marta sin dejar de negar empezó a echarse hacia atrás.

 -Mírame a los ojos y dime que nunca has soñado que tu cuerpo era consumido por las llamas en esta misma chimenea, te dejaré marchar y jama volverás a saber de mí.

 -Cada 21 de noviembre desde que tengo memoria –confesó- y desde hace dos meses casi cada noche –suspiró conmocionada-. ¿Qué debo hacer? Esto me resulta tan surrealista….

 -Te entiendo, en tu familia el tema se ocultó. Al cumplir la mayoría de edad, Sarah se casó y al poco dejo de tener contacto con Ashlyn. Tenía conocimiento de la maldición, pero no llegó a saber cómo romperla –soltó la mano de Marta y se giró hacia la chimenea. Tomó el cuenco que había sobre ésta, el cuenco de Ashlyn, vertió un oscuro líquido en su interior y lo acercó a la llama del hogar-. Nuestras sangres han de unirse –dijo como si nada, justo antes de girarse nuevamente hacia Marta con un extraño puñal.

 -¿Perdona? –preguntó dando un paso hacia atrás-. ¿Qué pretendes hacer con eso?

 -Tranquila, sólo debemos hacernos un corte en el interior de la mano, lo suficientemente profundo para que la sangre brote. 

 -Esto es un sueño, estoy soñando –rió nerviosa-. Esto no puede estar pasando, ¿en serio me estás pidiendo esto?

 -Por favor –la súplica estaba patente, no sólo en su voz, también en su mirada-. Mis días están contados, no sé si será este año o dentro de tres, pero moriré, en nuestra familia, los hombres no llegan a viejos y quiero ver crecer a mi pequeña… Por favor.

 Marta se lo quedó mirando y negó ^¿qué más da, si sólo es un sueño?^, pensó. Tomó el puñal y cortó el interior de la mano como le había indicado, dejando que la sangre goteara dentro del cuenco que él había colocado junto a la chimenea. Marta miró sorprendida como el oscuro líquido se aclaraba al caer las gotas de la sangre del desconocido y mezclarse con la suya. Con el mismo puñal empezó a remover la mezcla al tiempo que recitaba en una lengua desconocida para Marta.

 -Lo que la sangre dañó que la sangre enmiende. Sangre de Anya, sangre de Jonas, unida al fin.

 Tras las palabras se llevó el cuenco a los labios y bebió sin apartar la mirada de Marta. Cuando le pasó el cuenco Marta, ésta bebió esperando el metálico sabor de la sangre, pero al contrario, sus papilas gustativas se deleitaron con un delicioso sabor desconocido que le hizo sentir una sensación de paz al instante.

 -Gracias –dijo el joven antes de desaparecer ante la atónita mirada de Marta.

 -¡Vamos, perezosa, arriba! –la voz de David la sorprendió-. Que tenemos que desayunar y empezar la ruta -Marta parpadeó repetidas veces mirando a su amigo-. ¿Chica estás bien?

 -Sí, solo he tenido un extraño sueño, supongo que sugestionada por le lugar –medio sonrió.

 Al apoyar la mano en la cama para incorporarse, un lacerante dolor le llegó. Al mirarsela, vio el corte semi cicatrizado que se había hecho en el sueño.

 -¿Todo bien pequeña?

 -Sí, todo genial –contestó con media sonrisa- ¡vamos, que nos espera Covent Garden!

 Tras la ducha, bajaron al comedor, donde disfrutaron del típico desayuno inglés, mucho más abundante que los que servían en España, acompañado de un aguado café con leche. 

 Cargados con unas ligeras mochilas y las cámaras fotográficas, salieron del hostal siguiendo las indicaciones de la joven de recepción para llegar hasta Covent Garden, allí debían reunirse con el guía para realizar la ruta a pie por los dos distritos más famosos del corazón de Londres: Covent Garden y Soho.

 Al llegar se unieron al reducido grupo del que formarían parte, a la espera del que les guiaría por el tour. 

 -Buenos días, mi nombre es Callum, y seré su guía en este recorrido.

 Marta se giró de golpe al oír la familiar voz, cuando su mirada se encontró con la de Callum, éste la apartó con una sonrisa de complicidad en sus labios. 

 -Vaya, vaya, el destino parece que está de nuestro lado, es el mismo chico que estaba ayer en el hostal y te ha echado el ojo –susurró David.

 Marta negó, con lo que ella creyó un sueño, había aprendido que el destino es el resultado de los actos que se realizan, independientemente del tiempo que haya transcurrido. 

 -Sí, el destino puede ser muy caprichoso –comentó sin apartar la vista de Callum-. Vamos o nos perderemos las explicaciones.

~Fin~

Este relato fue presentado a concurso en agosto en la escuela de escritores, aunque no llegó a estar entre los seleccionados para finalistas, me  gustó  mucho participar en él por su importancia. 

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