Obsesion ~Aportación al Magazine Athalia y cía

Hoy era el día, por fin me atrevía a dar el paso. Desde que la vi por primera vez, supe que debía ser mía. Habían pasado ya varias semanas desde ese día, que sin saber bien porqué, desvíe mi habitual ruta de camino a casa y la vi, tan perfecta, tan delicada, tan única… y puntualmente cada día, desde entonces, a la salida del trabajo, paso por la tienda y por unos minutos la miro, recreándome de su imagen, grabanda a fuego en mi mente cada centímetro de ella y de su delicadez. Fue amor a primera vista. Sabía que me costaría hacerme con ella, pero ya me daba igual lo que me supusiera, se había convertido en una obsesión. La deseaba, la necesitaba, debía ser mía costara lo que costara. Hacía mucho que nada me hacía sentir tal anhelo.  Delante del escaparate de la tienda la miro y sonrío. Es preciosa, con el toque justo de sensualidad que a mí me gusta. Y hoy por fin he sacado el valor suficiente para permitirme la felicidad. Por un momento dejo que mi imaginación vuele. Puedo sentir su suave tacto sobre mi piel, acariciando mis brazos, mi torso. Inspiro profundamente y entro. En un apartado lugar de la tienda, desde donde puedo verla espero pacientemente mi turno, ¿qué más daba unos minutos más, cuando por fin la podría tocar? La última clienta de la tienda sale. Sonrío, mi momento había llegado. Con la timidez que me caracteriza me acerco lentamente.

-Buenas tardes -la joven me sonríe- ¿Puedo ayudarla en algo?

-Sí -un simple y llano monosílabo sale de mis labios. ¿Que me pasa?,¿por qué estoy así?, los nervios recorren mi cuerpo. Carraspeo.

-Usted dirá -su cara es un poema, y con razón.

-¿Podría probarme la blusa que tiene en el escaparate?, la de seda de color negro.

La joven sonríe y se acerca al escaparate.

-Tiene usted muy buen gusto. Es una de nuestras exclusividades, tan sólo nos han llegado tres de este modelo, pero por el precio -comenta mientras retira la camisa del maniquí que la luce- no se han vendido, mañana íbamos a devolverlas al distribuidor.

Tomo la blusa que la joven me tiende, sabía que el precio era desorbitado pero me daba igual. Entro en el probador y tras desprenderme de la camiseta que llevaba, lentamente me la coloqué, sintiendo el roce de la suave tela sobre mi piel. Era mucho mejor de lo que había imaginado. Me miré al espejo, sonreí. Por fin era mía.

L.Heks ~
Este relato se encuentra, junto a otros en el magazine Atahlia y cía. Echa un vistazo aquí, no te defraudara.

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Otro día mas

Nuevamente se acercaba la fecha, esa en la que la felicidad, escasa el resto del año parecía agolparse de bote pronto en el corazón de todos, esa fecha en la que te reunías con familiares a los que el resto del año veías unas horas al mes si te encontrabas con ganas o en los compromisos ineludibles. Navidad. Y sinceramente como me jorobaban esas fechas, si pudiera me iba desde el primero de diciembre y volvía pasado reyes, pero no… El trabajo me lo impide. Y no me quejo, que conste, puedo sentirme afortunada pues tengo un trabajo fijo decentemente remunerado y sin exceso de horas. Aguantando las tonterías de los que se creen a pies juntillas eso de “el cliente siempre tiene razón”, pues no… No es cierto. Le jorobe a quien le jorobe. Y ahora me veo aquí, sentada en la silla, escuchando los mismos villancicos del año pasado, frente a la caja, con esa sonrisa pegada a mi cara, impuesta, aguantando a la señora de turno que se queja de que vamos a cerrar muchos días y que como lo va a hacer. Miro su carrito repleto de viandas y con mi fingida y perenne sonrisa le suelto:

-Pero mujer… ¿Cuántos son en casa?

-Con los hijos y los nietos 7 -me replica toda apurada.

-Y me dirá usted, ¿que con lo que lleva, más lo que fijo tiene usted en el congelador no pasan dos días sin hacer gasto?

-Es que dos días son dos días….

Me muerdo el interior del labio haciendo esfuerzos por no mandarla a freír espárragos, más que nada por si se le han olvidado comprarlos y suspiro antes de replicar.

-Pues que la inviten a comer como lo van a hacer conmigo. Pase usted buen día.

Sin esperar réplica, pues mi paciencia pendía ya de un hilo, miro el reloj de la caja registradora ^cinco minutos y a casa, cinco minutos^, pienso mientras me dirijo al siguiente cliente.

-Buenas tardes, ¿necesita bolsas?

-¿cómo sinó me voy a llevar esto? -me pregunta con voz de: ¿tu eres tonta o te lo haces?, un hombre con el pelo engominado y móvil en la mano.

-Tal vez las tenga en el coche… Lo siento pero me deje el poder de adivinación en casa esta tarde -le contestó con una sonrisa mientras saco las bolsas- ¿tres serán suficientes?

El tipo ni me contesta, está demasiado ocupado hablando de no sé qué por el móvil, ^hoy han dejado sueltos a todos los cenútrios del lugar  y me han tocado a mí.^

-¿Coche en el parking?

El tipo sin parar de hablar me señala el datafono. Se lo activo y mete la tarjeta, teclea el código pin y tras aceptar la operación le paso el ticket.

-Gracias -^como si le hablase a la pared, ahora solo falta que el chulo tenga parking^, pienso mientras lo veo coger sus bolsas para dirigirse al ascensor ^lo dicho^

Me giro nuevamente hacia la caja registradora, la joven me deja el ticket de parking junto a ésta sin que le tenga que decir nada con una sonrisa.

-Buenas tardes ¿quieres bolsas?

-Dos grandes, por favor

^Joder! , no podrían ser todos como esta chica^, pienso mientras le abro las bolsas, para a continuación empezar a facturarle.

-No me has pasado el parking.

La voz del tipo del teléfono me llega desde atrás, me giro y enarcando una ceja le contesto.

-Se lo pedí justo antes de que me señala el datafono, pero -hago una ligera mueca y me encojo de hombros- se ve que hablando por teléfono usted no se enteró… Ahora tendrá que esperar, lo siento.

-Tengo prisa, llamo y me abres.

No pregunta. Ordena, y por ahí no paso. Mi vaso rebasa.

-No, se espera usted, termino con la joven y luego le arreglo -contesto mientras termino de pasar la compra de la chica, con un grado de lentitud que hasta ahora no tenía y la ayudo a embolsar por categorías- 32,25€.

-¿Te importa si te pago con monedas?

Sonrío cuando oigo resoplar al tipo del teléfono.

-Para nada… Cada uno paga con lo que tiene o quiere.

Ayudo a la joven a contar el importe en las monedas y le doy el ticket para que pueda sacar el coche.

-Lo siento -susurra la joven.

-No sientas nada… Mañana fijo te tocará esperar a ti, así es la vida.- sonrió mientras le arreglo les parking al engominado- aquí tiene caballero, su parking.

El tipo que nuevamente está al teléfono me lo quita de la mano de malas maneras ante la mirada de incomprensión de la joven que niega.

-Gracias y buenas tardes -se despide la chica.

-Adiós -me despido de la joven clienta justo cuando llega mi relevo- que tardecita chica. Me las piro vampiro, nos vemos mañana.