¿Quién me lo iba a decir?

Hará como cosa de dos meses, me presenté a un concurso de micro relatos eróticos, sinceramente nunca creí que éste saliera seleccionado, pero para mi sorpresa así fue. Escribir micro relatos, plasmar en cinco líneas lo que deseas transmitir es complicado, la de veces que edité hasta que conseguí algo que fuera de mi agrado, jejeje.

No quería algo vulgar, o como diría mi más sincero crítico, porno, sino que llegase a desencadenar una sensación indescriptible en el que lo leyera

Tal vez para muchos sea algo, corriente, insulso…¿quien sabe?

No soy escritora. Sólo intento plasmar lo mejor que sé lo que por mi mente pasa… Y bueno… Aquí está mi primera publicación, en esta antología, junto a muchas más.

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AMOR INMORTAL

Habían pasado varias décadas desde la última vez que visité aquella localidad costera de la bellísima isla de Lanzarote. Allí viví el mejor verano de mi vida. Allí conocí al único hombre que me había hecho vibrar en cuerpo y alma. Recorrí la orilla de la playa de negras arenas dejando que el sol acariciara mi cara mientras las frías aguas del océano bañaban mis pies. El aroma salado inundaba mis sentidos, llevándome a un lugar donde el recuerdo de sus besos calentaban mi alma. Llegada la tarde, cuando el sol empezaba ya perderse por el horizonte, me senté en una de las terrazas, situadas junto al océano, de esas que aún perduran, desafiantes al paso del tiempo, acompañada del último libro que él había escrito. No recordaba la cantidad de veces que lo había leído. Cada palabra suya estaba grabada en mi mente, como si me las hubiera recitado al oído, como antaño lo hacía, mientras nuestros cuerpos se prodigaban ese amor tan puro e inocente de la juventud, bajo el estrellado cielo estival.Observando el vaivén de las olas en las oscuras arenas de la playa, dejé mi mente vagar.

-Hola Yaiza -cerré los ojos al oír tan anhelada voz- llevo tiempo esperándote.
 Noté su mano en la mejilla y me deleité de tan sutil caricia.

– Nunca nos volveremos a separar -confirmé mientras me giraba a encarar su celeste mirada -por y para siempre tuya.

-Por y para siempre tuyo -contestó con una sonrisa antes de llevarse mis manos a sus labios.

Mientras la vida abandonaba su cuerpo y el sonido de la máquina confirmaba el paro del corazón de Yaiza, la dicha se reflejaba en su rostro.

-Ya dejó de sufrir- comentó su hija mirando la cara de felicidad que tenía su fallecida madre- pareciera que hubiera encontrado por fin lo que tanto anhelaba.

Bajo la luz del atardecer de aquel día de verano y acompañados del melodioso rumor de las olas, el destino al fin había reunido dos almas predestinadas. Yaiza y Alberto se habían vuelto a encontrar y jamás volverían a separarse. Porque  el verdadero amor es inmortal.

EL TOQUE DEL ALBA

La desolación del lugar era enorme, hasta donde mi vista alcanzaba, todo era muerte. El fuego había consumido la vegetación y la fauna a su paso. Los primeros rayos del astro rey, empezaron a filtrarse, desafiando la oscuridad de las opacas nubes de humo, dándome las fuerzas para continuar, renaciendo como el nuevo día. –Zona tres controlada, continuamos.

 ¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos? 

Tras la turbulenta noche que había pasado durmiendo al raso, junto a su fiel compañero de viaje, el caballero se levantó como pudo, haciendo crujir sus gastados huesos, estirando su casi inexistente musculatura. Sancho, su escudero y amigo, estaba preparando parte de las escasas viandas que poseían para poner llenar el estómago antes de emprender camino en busca de lo que sería una nueva aventura.

Con la tripa llena, la armadura colocada, cubriendo su esquelético cuerpo, montó en su caballo. Dejaron atrás la arboleda que les había dado cobijo en la noche, buscando el camino entre, los excesivamente despejados de naturaleza, paisajes en los que se encontraban, y emprendieron camino por la extraña vía que encontraron. Negra como el carbón y adornada con extrañas líneas blancas. El caballero intentaba mantener la posición erguida en su montura, tarea un tanto difícil por la vía en la que se habían visto obligados a transitar.

-Id con tiento mi señor – le advirtió con voz queda Sancho – su caballo no tiene costumbre de ir por estos desconocidos caminos.

-No os preocupéis, fiel Sancho, no hay, ni habrá vía o camino que se interponga en mi sino – contestó Alonso entre dientes, maldiciendo en silencio la endemoniada vía – ya sabéis, Sancho que ante nada me detengo, la verdad y la justicia son mis armas y con ellas siempre…

El abrupto silencio, puso en alerta a Sancho, miró a un lado y a otro en busca de lo que había hecho que Don Alonso Quijano, enmudeciera y cambiara su semblante. El hombrecillo, suspiró resignado al comprender. A unos kilómetros de distancia, afincados entre la árida zona, se alzaban unas construcciones altamente extrañas. ¿Acaso estaba aún sumido en un sueño? Jamás en su larga andadura por las tierras castellanas había visto tan extraña construcción.

-¿Veis lo que yo Sancho?

-Sinceramente señor, no sabría deciros -contestó sin apartar la mirada de tan monstruosa construcción.

Se adentraron en la zona, dejando atrás la oscura y negra vía.

A medida que se iban acercando la grandeza del edificio se iba magnificando, Sancho comprendió lo que eso significaría para su señor.

Al llegar al lugar se vieron obligados a detenerse por la alta alambrada que rodeaba la zona. Sancho se fijó en los retablos que colgaban de las extrañas vallas metálicas, dificultando, para su alivio, el acceso.

-Mirad eso mi señor, qué extrañas pinturas cuelgan de la cerca ¿Qué podrían significar?

Don Alonso miro fijamente la señal de electrocución al contacto, para contestar en voz alta, como si quisiera advertir a todo el que por allí pasase.

-¿Acaso no veis?, advierte claramente que cualquiera que se acerque será devorado sin piedad por los gigantes de largas piernas y cortos brazos que aquí yacen, muy peligrosos han de ser si los han cercado de este modo.

En su cara se dibujó una sutil sonrisa que nada bueno hizo pensar al fiel Sancho.

-Otra vez…. -suspiro- mi señor dejémoslos tranquilos, las gentes del lugar se han ocupado bien de mantenerlos retenidos, por lo tanto no entrañan peligro alguno.

-¿Acaso queréis que se sepa que Don Alonso Quijano, eludió sin más un enfrentamiento? Jamás!Sancho. Un caballero no elude el enfrentamiento si con ello ha de salvar una vida siquiera.

-Pero mi señor, miradlos…. Están serenos, tranquilos -Sancho señaló las aspas de los aerogeneradores, que se movían de forma perezosa- vayamos mi señor, no hay nadie en el lugar. Emprendamos el camino a casa. Tiempo hace ya que salimos de allí.

-No

-Genio y figura hasta la sepultura

Murmuró con resignación Sancho mientras veía a Don Alonso, bajarse de Rocinante, que pastaba, ajeno a las discusiones humanas que caballero y escudero mantenían. Don Alonso, lanza en mano, se dirigió con paso firme hacia la alambrada, dispuesto a abrirse paso. Nada más poner la mano cubierta por el guantelete, en la alambrada fue disparado hacia atrás ante la mirada de pánico de Sancho, que corrió raudo hasta donde se encontraba su señor.

La luz del sol le hizo abrir los ojos.

-Buen día tenga, mi señor, acérquese que el tocino ya clama ser comido.

-Sancho, ¿Dónde estamos?

-A pocas leguas de la posada.

Don Alonso se levanto, aún con los retazos en su mente del extraño sueño y se sentó junto a Sancho a dar buena cuenta del humeante tocino.

 

SENSACIONES 

Micro relato para diversidad literaria 

Su boca recorría mi cuerpo con sobrada experiencia. Mi mirada, velada por el deseo, no perdía detalle de su incursión. Sentí su boca hacerme suya. A cada embestida de su lengua, miles de sensaciones recorrían mi cuerpo. Estaba al limite. Tome su cabeza con una mano, incitándolo a más. Necesitaba más. Sus dientes atraparon mi clítoris en el preciso momento en el que el clímax llegó a mí. -Deliciosa-. Susurró.

AMANECER

 

Hacía tanto tiempo que no sentía el calor del sol acariciando su piel que ya casi ni lo recordaba; pero lo que jamás podría olvidar sería la sensación de placer que le transmitía su calor. Cuando llegaron a la nueva ciudad y se instalaron en la casa que el clan les había buscado a su hermana y a ella tras las muertes de sus padres, pidió a Kalel que en su baño privado hubiera un gran ventanal que diera por completo al exterior, al igual que en de su habitación. A los ancianos les pareció una locura, pues el mínimo error y uno simple de sus dorados rayos acabaría con su vida. Pero lo necesitaba, aunque fuera a través de esos cristales especiales. Necesitaba notar los primeros rayos del sol al amanecer filtrarse a través de su ventana, mientras se bañaba al llegar a casa tras la lucha por la supervivencia. Mientras el agua caliente contrastaba con su fría piel intentando eliminar los restos del iluso, que llevado por su sobrenatural belleza, la ha provisto del elixir de su vida como alimento. Dejó que la magia de la imagen que se estaba formando en el cielo, embrujándola por el maravilloso contraste de colores mezclándose entre ellos, inundara sus sentidos. Anhelaba ese calor en su piel. El calor que antaño sentía como las manos de un ardiente amante recorrer su cuerpo. Aunque nunca sería lo mismo, dejaba volar su imaginación a los años, en los que bajo el sol, disfrutaba de su vida. Siempre había sabido lo que he deseaba, siempre había sabido cual era su lugar, y siempre había sabido sacar partido de ello. Antes, miles de años atrás, y ahora en la actualidad. Sin ataduras, sin aspiraciones a tenerlas, salvo sobrevivir un día más. Sólo fiel a sí misma y a su clan. Ellos y su hermana era lo que le importaba. No piensa en el futuro, sólo vive el presente.